Black Chísus – Capítulo segundo

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A cinco kilómetros de la estación de servicio, y a menos de cuatro horas de la explosión, un hombre apareció detrás de la escultura de diez metros, tallada en madera, de un Jesucristo negro. La obra fue un regalo de un escultor famoso por el aniversario de su ciudad natal, pero a pesar de que la aceptaron con un evento televisado que duró hasta el otro día y se sirvieron desayunos, el municipio nunca tuvo la intención de poner un Cristo “de esas características” en una ciudad católica donde el 80 por ciento de los habitantes eran de descendencia rusa y alemana. Después de meses donde la escultura estuvo tirada en una cancha de rugby en desuso y cubierta por una lona verde, alguien decidió alzarla en el medio de la ruta, cerca del cruce de la ruta 132 y a kilómetros de la buena gente de Crespo.

El hombre que apareció a la imponente sombra del Jesucristo, no sabía dónde estaba. Nisiquiera estaba al tanto de que llevaba cinco minutos vivo, ni que cinco minutos antes, había llevado muerto más de cinco años.
El hombre, al que llamaremos “Sujeto Cero”, se llevó un brazo a la cabeza para cubrirse del sol y empezó a marchar hacia el cruce, que estaba a unos dos kilómetros de distancia. No sabía por qué, pero toda sustancia e impulso en su cuerpo le decía que era ahí donde debía estar.